Adicciones sin Sustancias

Enemigos silenciosos en nuestro hogar

Cuando escuchamos hablar de adicciones normalmente tendemos a pensar en sustancias como el alcohol, la cocaína, el tabaco, los fármacos, etc. Solemos pensar y referirnos a las drogas (legales e ilegales).
Pero existen otras que cada vez afectan a un mayor número de personas en nuestra sociedad. 
Según datos de OMS (Organización Mundial de la Salud) aproximadamente una de cada cuatro personas sufre algún trastorno de la conducta relacionado con las adicciones sin sustancias. Además, se cree que la cifra puede ser aún mayor, dado que, al tratarse de adicciones más aceptadas socialmente, existirían muchos casos sin diagnosticar y que, por consiguiente, no reciban tratamiento alguno.

Al igual que las adicciones a sustancias químicas, las adicciones comportamentales también tienen una serie de consecuencias negativas, que en muchos casos coinciden con las de las drogodependencias. Este tipo de conductas provocan un alto nivel de malestar en la persona que las lleva a cabo, e incluso pueden llegar a afectar a las personas de su entorno, pareja, familia, etc. Aumentan el riesgo de padecer problemas de ansiedad, insomnio, estado de ánimo, aislamiento, etc.
Para considerar este comportamiento como una adicción, dicha conducta ha de interferir en alguna de las áreas del sujeto, ya sea en su entorno laboral, social o familiar. 

Tipos de adicciones sin sustancias:

Prácticamente cualquier conducta mediante la cual se obtenga cierto nivel de satisfacción o placer puede llegar a convertirse en una adicción, aún así existen algunas que por su elevada prevalencia requieren de un mayor interés:

1. Ludopatía o juego patológico. Se calcula que aproximadamente el 1% de la población la padece, tiene unas devastadoras consecuencias a nivel personal y familiar. Con la legalización del juego por internet se espera que estas cifras aumenten, especialmente entre los adolescentes y adultos más jóvenes dado que esta medida favorece la accesibilidad a este tipo de juegos. En muchos casos suele acompañarse con otro tipo de adicción, especialmente a sustancias, ya sea el alcohol, tabaco y en menor grado a cocaína.
2. Adicción a internet y/o nuevas tecnologías.En los últimos años se ha detectado un importante incremento de consultas relacionadas con la adicción a nuevas tecnologías, la cual conduce al aislamiento, descuido de relaciones sociales, actividades laborales, académicas e incluso recreativas. Existen datos que indican que aproximadamente un 21,3% de los adolescentes está en riesgo de desarrollar este tipo de adicción, dado el elevado tiempo que dedican a navegar por la red. En varios países la preocupación es cada vez mayor, debido al creciente número de jóvenes con cuadros depresivos e incluso suicidios.
3. Adicción a las compras.Las personas que sufren esta adicción sienten un impulso irrefrenable que los lleva a comprar. La adquisición puede estar fijada en un solo objeto o servicio, ropa, complementos, joyas, productos tecnológicos, etc. O bien puede darse con cualquier producto, sea el que sea. Los jóvenes son los más vulnerables, y las mujeres, especialmente aquellas con mayores posibilidades económicas. Esta patología de compra compulsiva, aunque suele iniciarse en una edad temprana, si no se trata puede durar toda la vida.
4. Adicción al deporte y/o ejercicio físico. Está claro que el deporte y el ejercicio es recomendable y requisito indispensable para una vida sana, pero hay casos en lo que puede convertirse en algo patológico.
En estas situaciones la actividad se realiza de forma excesiva y obsesiva, entorpeciendo el normal desarrollo de las rutinas del individuo (trabajo, sueño, alimentación, ocio, etc). Esta adicción está relacionada con una falta de recursos de la persona para afrontar sus emociones e inseguridades. La mayoría de las personas con esta adicción suelen mostrar una preocupación obsesiva por el físico y problemas relacionados con la alimentación, llegando a desarrollar trastornos como anorexia nerviosa o la vigorexia.
5. Adicción a la comida.Esta adicción puede presentarse tanto en hombres como mujeres, de todas las edades y clases sociales. Quienes tienen este problema consume excesivas cantidades de comida en un corto periodo de tiempo, incluso sin que exista la sensación de hambre. Los alimentos preferidos suelen ser ricos en calorías, suelen comer a escondidas, han intentado en más de una ocasión perder peso pero siempre acaban recuperando los kilos perdidos, incluso aumentando de peso. Además, después del «atracón» suelen aparecer sentimientos de culpa, vergüenza incluso asco.
6. Adicción al trabajo. Este problema afecta principalmente a los hombres, aunque en los últimos años ha ido aumentando de forma considerable su incidencia en mujeres. En países como España alrededor de un 11% puede presentan esta adicción. Estas personas utilizan su trabajo para huir de sus problemas personales y muchos acaban padeciendo algún tipo de enfermedad cardiovascular. El adicto al trabajo hace de él el núcleo central de su vida, hasta el punto de descuidar otras actividades, intereses y vínculos significativos. Para estas personas no existe el tiempo libre, ya que el estar sin trabajar les produce una gran tensión y/o malestar.
7. Adicción al sexo. Esta adicción es una de las más negadas en nuestra sociedad debido al tabú que aún hoy envuelve al sexo. No existe un perfil claro, aunque sí suele darse más en hombres, y de edades comprendidas entre los 20 y 40 años. El adicto al sexo comienza teniendo fantasías, que van aumentando en cuanto a duración y frecuencia (que acaba llevando a cabo).
El cumplir con estas fantasías no resulta suficiente para saciar sus deseos, es por ello que cada vez necesita de más encuentros sexuales o sensaciones más intensas (encuentros con más de una persona, exponerse a situaciones de riesgo, etc…). El sexo se convierte en una herramienta para aliviar (momentáneamente) la ansiedad, produciendo una grave interferencia en su vida con graves consecuencias para él y para su entorno más cercano: sentimientos de culpa, riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual, bajo rendimiento en el trabajo, problemas familiares, ruptura de pareja, etc.

Si nos encontramos en alguna de estas situaciones o estos comportamientos coinciden con las conductas de alguna persona cercana a nosotros, es un buen momento para pensar en la necesidad de pedir ayuda.

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